La soledad es su aliada desde su brote. Más que solo, estuvo despierto, atento a todo aquello que ocurría sin conocer las distintas realidades de sus semejantes. No así el poder de autoridad, que forjó dicha soledad en ambos, él y ella. Pero esta no pudo abrir los ojos de la misma manera y, queriendo seguir el deseo del resto, sufrió inmensamente.
Sin embargo, quien debe haber sufrido más es él. El alma del que conoce la mentira es aún más desdichada que la del que quiere vivirla y no puede. Sus ideas son reflexivas desde pequeño, breves momentos de revelación lo transformaron en quien es, aunque conmigo viva la mentira de cerca. Se deja llevar por la cotidianidad en mí, la miserable simpleza de mi ser. Es grato amarlo, aunque a veces, duele. Me pregunto si será interesante vivir así, sabiendo que toda cosa que el común hace debería ser cuestionada y, en general, desaprobada; que esta vida es una mierda.
